El comienzo del final

Luis abre el armario del pequeño y sucio cuarto donde su padre se crió cuando era un niño. La bisagra del armario rechina por la falta de WD40, una cucaracha se pasea modelando sus crujientes alas y un fuerte olor a humedad le abofetea la cara al hombre de ojos llorosos y rojizos.

En la parte superior del castaño armario se hallaba un viejo juego de mesa lleno de polvo. Al parecer, el tablero llevaba bastante tiempo sin usarse, pero este era el momento perfecto para hacerlo. 

Hace varias semanas Israel -el padre de Luis- falleció en un accidente de tránsito, mientras corría una scooter con los ojos vendados. Israel murió de esta manera por una razón: debía pagarle a su mejor amigo Cholo una apuesta de 20 dólares o tenía que manejar un vehículo sin poder ver el camino por diez minutos. El envalentonado y terco sesentón decidió que era mejor arriesgarse a hacer la misión en la 65 de Infantería durante la oscuridad de la noche que regalarle un billete de veinte a Cholo, quien tenía un severo vicio por las putas.

Israel falleció a los cinco minutos de comenzada la encomienda, ya que un policía lo atropelló pensando que era un conductor temerario al verlo zigzaguear, así que se le ocurrió darle un pequeño toque a la scooter con la patrulla, provocando que Israel volara unos cuantos pies y muriera de cara al concreto. El policía -de apellido Vázquez- en su defensa argumentó que su intención no era asesinarlo, sino detenerlo, aunque no pudo explicar el porqué la patrulla iba a 50 millas por hora. Fue Luis quien reconoció el cadáver de su viejo en la nevera del Instituto de Ciencias Forenses, y además le tuvo que pagar los 20 dólares de la apuesta a Cholo, pues este lo amenazó con que iba a robarse las pertenencias del occiso si Luis no le reembolsaba lo que su padre le debía.

Después de celebrar el velorio de su papá (donde nadie asistió, solamente una vieja exnovia de Israel que llegó para reírse mientras comía pastelillos de hojaldre y carne molida sobre el muerto), Luis estuvo días pensando que nunca pudo tener una buena relación con su padre. Israel siempre fue un tipo que prefería moverse solo y sin ataduras, al punto que ingresó a su propia madre a un hogar para ancianos, pues detestaba que ella tuviera el control absoluto del televisor de la sala. 

Aunque Israel intentó tener varios amores, siempre fracasó ya que lo primero que le decía a sus parejas era que no quería conocer a sus padres y mucho menos tener hijos. Israel siempre se definió como un alma joven y nada le causaba más tensión que envejecer (al punto de declararse con una enfermedad llamada “viejofobia”); por eso siempre estaba con la energía, el sentido de aventura y la peligrosa ignorancia de un adolescente. Luis nació por accidente, pues Migdalia -su mamá- le ocultó el embarazo a Israel hasta que ya tenía seis meses y no podía esconder más la barriga. Durante ese tiempo, Israel le fue infiel varias veces a Migdalia sólo porque pensaba que ella estaba gorda. Curiosamente, el engaño lo cometió con Muñeca, una obesa vecina que vendía frituras sin usar brassier.

La cosa es que Luis no podía dejar de pensar que su padre y él pudieron ser “mejores amigos” y tener una relación como la de los vecinitos de su barrio cuando era un chamaco. Todo niño siempre sueña con pasar más tiempo con su papá y tener con él una relación inquebrantable. Luego de noches y noches sin dormir pensando en cómo reconciliar su relación con su papá (aunque este estuviese más muerto que el himen de Sonya Cortés), el riopedrense recordó que su alcohólico padre en más de una ocasión le comentó que cuando muriera hablara con él usando una Ouija. 

¡Eso era! 

La Ouija era un tablero que algunos utilizaban para comunicarse con sus antepasados. Incluso, el mismo Israel -luego de varios chichaítos- decía que le gustaba usar la Ouija para bellaquear con Marilyn Monroe desde “el más allá”. Eso sí, nunca pudo explicar en cuál idioma hablaba con ella, ya que Israel no sabía inglés.

Esa tarde, Luis decidió ir a la casa de su padre y buscar el Ouija. Al llegar, notó que el televisor y el microondas no estaban, así que imaginó que Cholo de todas formas vino a robarse las pertenencias de su padre.

Luis respiró antes de dirigirse al antiguo armario.

Exhaló con fuerzas y muy nervioso, como la gente que está a pocos segundos de enfrentar algo de vida o muerte... como aquellos que se suben a un puente y cierran sus ojos antes de lanzarse al comienzo del final. Casi en cámara lenta caminó hacia el armario -que rechinó casi haciéndole un nudo a los oídos- y en la parte superior estaba el Ouija lleno de polvo. Hacía mucho tiempo no se usaba y Luis sólo se preguntó si Marilyn también extrañaba hablar con Israel.

El espigado hombre abrió la caja donde estaba el tablero, se quitó su camisa y con ella sacudió el polvo, que le dejó una mancha verde en la tela por culpa de la humedad. En ese instante, Luis recordó que para el Ouija se necesitan dos personas, pero su padre por alguna razón podía usarlo solo, así que cerró sus ojos, exhaló nuevamente y dijo “¿papi? ¿Estás ahí?”

El pequeño triángulo donde Luis puso sus manos no hizo nada. Por unos segundos, se sintió como un pendejo por lo que estaba haciendo, pero recordó que la única buena cualidad de su padre era su honestidad. La realidad es que nadie en el universo pensaba que Israel era honesto, pero un hijo ingenuo cree cualquier cosa que exalte la imagen de su padre. El varón con cuello de ganso cerró sus ojos para concentrarse y una vez más decidió hacer la misma pregunta: “¿papi? ¿Estás ahí?” 

Las puertas del armario cerraron abruptamente... y lentamente el triángulo se movió por el tablero... hasta llegar a la letra S y a la letra I. Luis abrió los ojos asombrado, pues al parecer su padre respondió que “sí” a la pregunta. Tenía que ser él, porque ignoró que el tablero tiene un “yes”, demostrando que ni el otro plano dominaba “el difícil”.

-¿Israel, eres tú? ¿Estás ahí, papi? -preguntó nuevamente Luis.

El triángulo sobre el tablero volvió a darle la misma respuesta: era un sí.

Luis comenzó a sudar a la misma vez que reía y sus lágrimas escapaban de sus ojos. Tenía todas las emociones a la vez. El espigado hombre secó su llanto, y estaba ya seguro que su padre estaba del otro lado respondiendo, así que puso sus manos en el pequeño triángulo y decidió hacerle otra pregunta:  “¿papi, te gustaría verme otra vez? ¿Puedo verte otra vez, please?”

El triángulo no se movía.

Luis cerró los ojos con tristeza y volvió a exhalar.

-Papi, puñeta, ¿estás ahí? ¡Háblame! ¡Me gustaría verte otra vez!

Esta vez, el triángulo tampoco se movió. Otra lágrima bajó por la mejilla de Luis, quien parecía resignado y dispuesto a guardar el tablero. Antes de cerrarlo, decidió poner sus manos una última vez encima de la pieza e intentar comunicarse con su padre.

-Israel, ¿estás ahí? Sólo quiero que sepas que Cholo te robó el televisor y el microondas.

El cristal comenzó a moverse lentamente e inició su camino por varias letras, mientras Luis intentaba descifrar qué carajo quería decir Israel: C-H-O-L-O-E-S-U-N-C-A-B-R-Ó-N. 


Israel continuó desde el “más allá” hablándole a Luis: T-E-V-E-O-P-R-O-N-T-O-H-I-J-O

Luis sonrió, aunque estaba un poco confundido por el mensaje, así que no le quedó más remedio que hacerle otra pregunta: ¿papi, estás en el cielo o en el infierno?

El triángulo del Ouija estaba quieto… hasta que poco a poco comenzó a moverse hasta decir E-S-T-O-Y-E-N-E-L-C-I-E-L-O. Luis volvió a sonreír y le preguntó: ¿y cómo es eso allá?

Israel no tardó en decirle E-S-M-U-Y-L-I-N-D-OL-O-S-Á-N-G-E-L-E-S-S-O-N-B-I-E-N-G-O-R-D-I-T-O-S... P-A-R-E-C-E-N-N-U-G-G-E-T-S-Q-U-E-V-U-E-L-A-N

Un emocionado Luis -que siempre soñó con ser cura católico- le dijo al patriarca que quería verlo ya, y le preguntó si había una manera de que eso fuera posible. El triángulo volvió a moverse por el tablero y el resultado fue H-A-Y-U-N-A-F-O-R-M-A-Q-U-E-R-I-D-O-H-I-J-O.

Luis cuestionó cuál era la forma.

Lentamente Israel a través del cristal le dijo T-I-E-N-E-S-Q-U-E-V-E-N-G-A-R-M-I-H-O-N-O-R

-¡Qué carajo tengo que hacer para vengar tu honor, papi! -Gritó Luis.

-T-I-E-N-E-S-Q-U-E-C-O-M-P-L-E-T-A-R-L-A-H-A-Z-A-Ñ-A-P-O-R-L-A-6-5 -Señaló rápidamente Israel.

Luis se detuvo a pensar por unos segundos…tenía bastante sentido que su padre tenía razón: debía vengar su honor.

Esa misma noche, Luis buscó a Cholo en una scooter alquilada y lo retó para vengar el honor de su padre, no por veinticinco dólares, sino por la suma de ciencuenta. No sólo eso, sino que le gritó con furia que cuando realizara la hazaña por la 65 de Infantería, Cholo tendría que devolverle el televisor y el microondas que eran de su padre. El pequeño, calvo y oscuro hombre aceptó el reto, pero le exigió que él mismo le vendaría los ojos para evitar trampas. Luis aceptó.

Con el frío viento de la noche quemando su piel y visiblemente nervioso, Luis dejaba que Cholo le cubriera sus ojos con una toalla. Antes de hacerle el nudo final a la toalla, Cholo se acercó a Luis y susurrando le dijo “vamos a ver si no sales tan bacalao como el pendejo pai tuyo”. El diminuto hombre en chancletas sonrió con burla a Luis, pero obviamente este ni se enteró, aunque esas palabras lo llenaron de rabia; así que se encomendó al cielo y aceleró con fuerzas a la misma vez que gritaba “¡esto es pa’ ti, papi!”

Siete minutos después, un vehículo impacta a Luis, que falleció inmediatamente en la escena.

En “el más allá”, Israel sonreía lleno de orgullo porque su hijo rompió su récord.

Ahora sólo era cuestión de minutos encontrarse con él en el Infierno.

Alexis Zárraga Vélez 🦍🇵🇷
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11 comentarios

  • “Tienes q completar la hazaña por la 65”
    Mataste ahí 🤣🤣🤣🤣🤣

    Ray33
  • De verdad que no me canso de decirlo, ¡me encanta tu estilo! Esta bien chévere tu cuento.

    Lorymar
  • Un padre tan chulo como Israel no se ven todos los días. Jajaja Me imaginé a Muñecón vendiendo frituras con camisa gastá y sin brassier.

    Marcos
  • Un padre tan chulo como Israel no se ven todos los días. Jajaja Me imaginé a Muñecón vendiendo frituras con camisa gastá y sin brassier.

    Marcos
  • 🤣🤣🤣🤣 me encanto!

    Eduardo Rivera

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